Poemas de Rocío Biedma

Cruce de Quijotes

Al cruzar Despeñaperros
la voz de Cecilia Bártoli en mis oídos
y los violines que la elevan,
parecen surgir por entre las encinas.

Lo órganos, quietos y sobrios
igual que hace siglos,
se guardan en silencio
los secretos en sus huecos.

Los cernícalos y algunas lavanderas,
miran recelosas el paso del tren
atentos, como en un palco;
y un cervatillo corre hacia su madre
con un trotar párvulo y retraído.

La mirada se me vuelve horizontal
al llegar a la Mancha,
donde un invierno seco
ha vestido de gris pajizo la dehesa.

Publicado en la Antología del I Encuentro de Poetas “En un lugar de la Mancha”. Octubre de 2016.


Octubre

Se van de ti las hojas,
oscurece.
                                                                                                 
Andrés Newman                          

Arráncame el vestido de oro que en octubre,
de hojas mal caídas me puse por taparme.
Desnudó el árbol la hojarasca que hoy me cubre,
se desvistió el amor,  temprano aquella tarde.

Despiértame del sueño de flores donde duermo,
acurrucada de nanas ocres de enamorada.
Soñó la luz de otoño su tono de recuerdo,
se me durmió el amor,  así, tan de mañana.

Empápame el agua inerte de mi frente,
llovida de canciones azules mal cantadas.
Lloró el silencio después de helar la fuente,
se me murió el amor, tal vez de madrugada.

Publicado en la Antología Poética Encuentros Poéticos Teatro Romano de Itálica, antologada por Gabriel Gil en noviembre de 2016


Méceme

(A la Casa de los Poetas de Soria)

Méceme árbol sitiado
entre versos, biblias y secretos.

Méceme y deja
que sienta este viento
libre y limpio,
donde antes nos legaron
la poesía tantos otros.

Méceme e inspírame
con tus frondosas sinalefas,
con esa sangre hirviente tuya,
con cada fruto
de gestas enamorado.

Méceme Soria
y mi corazón dirá tu nombre
en mi recuerdo.


A Gustavo Adolfo Bécquer

"No quiero que al romperse esa arpa, vieja y cascada ya,
se pierdan, a la vez que el instrumento,
las ignoradas notas que contenía"

(Gustavo Adolfo Bécquer)


Nada hay que yo te oculte.
Hasta mi dolor velado es el tuyo.
El tiempo y tus versos
son mi tiempo y mis versos.

En cada golondrina te apareces
en la azucena quebrada y malherida,
en cada cuchillo afiebrado,
en esa onda de azahar y luz,
en todas las azules campanillas.

Estás en las metáforas celestes,
en aquella brisa que la sangre orea,
en los latidos de la roca florecida,
y en la quietud casta e inmaculada
de todos los rayos de la luna.

Mientras, tu palabra crepita
en los rumores astrales del río
que la lluvia que vuelve, no extingue,
porque se precipitó un día
en todas las cornisas majestuosas,
horadando el silencio desnudo
del ángel que te habita,
pedestal adámico
del orbe enhebrado en tu memoria.

Cantor de intimidades, ingrávidas,
germinadas, altísimas.
Eco vuelto de primaveras,
que hiendes dulcemente
en tus anhelos frágiles,
tan leves como eternos.

Te clamaría preguntas
regresándote del ceniciento sitio,
de cada palpitar ayer umbrío.
Acuno en mi baúl con pedrerías
las notas que aquel arpa contenía.

Soy un poco de ti a cada instante.
Hasta tu dolor velado es el mío, Poeta.
Nada hay que tú me ocultes.


Estío

"Ahora contempla, si te atreves,
con tus ojos de sol y el corazón de arena,
el infinito desde dentro".

(Manuel Lombardo Duro)

Temo al esplendor del mediodía,
que incendia este abrazo horizontal
que conjugamos sin adverbios
y busca abrirse paso
entre los acantilados fluviales
de tu glacial exilio.

Temo éste hervidero
de palabras pronunciadas,
y el eco que tu nombre
golpea en mi memoria,
al compás de mis pulsos,
que parten en dos con filo de cuchillo,
el principio y el final de todas mis edades.

Porque las promesas
que por la soledad transitan,
me acercan irremediablemente
al silencio del invierno.


Sudhir

(Que significa, prudente y perspicaz)

Sudhir
antes se acostaba en su pobreza de niño.
Ahora duerme, en la desheredada miseria.
Y los sueños se le quedan soterrados
en un herbario de encrucijadas de polvo,
en laberintos coagulados por el desvelo,
en los ripios que agonizan cada noche
en la curvatura del tiempo,
donde no se pueden medir,
ni el vértigo ni el miedo.

Sudhir
antes se levantaba en las mañanas azules de niño,
con la primera hora del hambre.
Ahora despierta trasnochado
y se abraza al sol herido,
con el silencio que muerde horizontes de ánimas.
Y esperan juntos la lluvia
que acalla las manos teñidas de los ángeles,
con el ansia de que brote la vida
con pálpitos de luz,
con hambre de justicia, y con versos
que suturen tanta y tanta herida.

Publicado en la Antología "Necesarias Palabras", coordinada por Asunción Mascab y Chelo de la Torre y editada por UNARIA para el proyecto Humanitario Creciendo en Nepal y presentado en Madrid en diciembre de 2015.