Poemas de Hipólito Romero Hidalgo


Cantos de alabanza

Acabo de abrir los ojos
con el nuevo día,
siempre nace para todos.

Y me siento elogiado
de poder ser feliz.

De poder discernir
sobre mi atadura.

De poder superarme
en esta tregua de un día.

De luchar trabajando
y seguir pensando en mi camino.

De poder servir a mi prójimo
y agradarle la vida.

Porque para alguien,
y aunque 
el día nace para todos.

Sigue habiendo
días como noches.
Gente que sufre y agoniza
en cielo con sombras.

Que caminan…
por senderos vacíos.

¡Oh Naturaleza, salve!
siento la satisfacción
de deciros a pleno pulmón,
¡gracias por este día
que me brindáis!                                                   



La luz

Hay caminos sin rumbos 
sin horizontes celestes, 
hay, en alguna parte, 
corrientes y solitarios desiertos.
 
Que de la noche al día, 
en intercambio constante, 
nos afluyen a la mente.

Del sueño de la vida, 
al despertar, solo un paso,
y un halo de espíritu 
que nos tienda una mano. 


Luz ¡qué gran tesoro! 
la antorcha de la vida, 
a corazones honestos… 
de grandes hombres 
y mujeres ilumina. 

Luz, que nos trasluce 
las murallas personales, 
con inteligente celo conseguidas. 

¡Qué luz! perpleja en la calma 
y con la oración, nos llena 
el corazón de ojos, de vista. 

Si ciego soy 
por la penumbra 
de mis sentimientos, 
y queriendo andar,
estoy quieto. 

¿Hay acaso mayor pena, 
que el sufrimiento propio 
de no estar lleno?
 
¡Lleno de luz, 
lleno de amor!  y
¿abierto en el espíritu?



Paseando

Tranquila el alma
mi pensamiento vuela
hacia tu lado,
brillan perlas del rocío
sobre los bancos del parque,
enmohecidos.
Camino, sintiendo
que agitas mi pensamiento,
y que estás conmigo
paso a paso.

Las ramas de los chopos
juguetean,
con la temprana brisa
matutina,
y al arroyo se oye
plausible estrofa
sobre la corriente fría.

Un pensamiento vivo,
plasmo  sobre esta hoja,
el sentido de un impulso,
un motivo necesario
de cortar con estas manos,
esas rosas...
Hipólito Romero Hidalgo

Soñándote
(A Puri )

Yo quisiera ser tu embrujo
bajo un chal de estrellas
plateado, de luna llena.

Y ser quien te acompañe
por las callejuelas
brillantes de farolas.
Con pétalos suaves
cubriría tu piel,
si tu voz temblorosa
me dijera: ¡ven!

A la luz de la luna,
la mujer que yo quiero
se adereza en mi sueño,
con tocado de azahar
en su negro pelo.

Vestida de blanca seda,
me hablas en sueños
me dices, ¡te quiero!
y entre arcos y fuentes
de tu tierra grana,
te envuelven las flores
y te vas.

Yo quisiera ser tu embrujo
en las tardes doradas
de primavera,
y gozar de tus besos
de enamorada.

Que el amor que te tengo
más y más se ensalza,
y al tenerte tan lejos
mi corazón te clama.

Ya florecen las hojas
de mi pensamiento,
que esperan dar fruto
con tu complemento.

Y adosada de encantos
¡que tengo celos!
cuando a tu balcón te asomas
y te miran otros ojos
que ver no puedo.       


Soneto al Puente de los Peligros

Contemplo tus dos ojos bien abiertos
con tus dedos y tus manos tendidas,
auspiciando entre los pueblos sus vidas
deseando poder y verlos ciertos.

De la niebla mañanera cubiertos,
emergen tus sapiencias transmitidas,
las herencias de antaño concedidas
por Alfonso décimo y sus aciertos.

Lamidas están ya tus gruesas piedras
por esas riadas, que han ido llegando,
y disimuladas entre las hiedras.

Vigilando el peligro entre las nanas,
la Virgen, al niño le va arrullando,
y con Ella te alegras, porque ganas.


Conversión

Despiertas mis sentidos,
con luz de un alba esclarecida 
y observo, 
el entusiasmo enloquecido
de un alma que se eleva.

Contemplo cuanto más,
de mil maneras,
con la paz en mi ser, 
de dentro afuera.

Cómo se riega el sarmiento,
con la savia fértil, 
de la verdad primera.
Que entrecruza y riza, 
que pronto llena,
el inmenso espacio de mis venas.

Cómo de ataduras,
se libra mi cuerpo de la inercia,
se libra al andar derecho,
por la senda.

De esa gran empresa
que tu vida haces,
calmas las tormentas
y la mente emerge
¡misteriosa nave!

Me salvan tus manos
del gran oleaje
y ese don divino,
trenzado de redes.
En el sufrimiento,
he visto que hay vida
con tu amor eterno.

Del libro “La antorcha de mi vida”


En el Mar Menor

Hundiéndose van 
mis pies en la arena;
como flecha perdida
al infinito horizonte,
mi mente se eleva,
mi imaginación escapa.

En las huellas dejadas
destella el agua, 
con irisados brillos,
que en bambalinas viene
las cubre y tapa.

Descanso tumbado
cerrando los ojos,
de nuevo la luz
me quema los párpados;
música de acordes rusos
se oye al lado.
Nubes que al escondite juegan
con taparle al sol su cara
y una joven descalza
saltando, emprende una danza.

Juega el sol al veo veo
e ilumina la playa
y la gente sobre la arena
su caliente caricia aguarda.

Los mástiles se agitan
por el viento, como plumas
y las olas blanqueando
el frondoso azul del agua,
durmiendo a las barquichuelas
les va cantando una nana.

Del libro “La antorcha de mi vida”


Desde el mirador

Si tu nombre pronuncio
o grabado lo veo
en cualquier parte,
se me niebla la vista
y el corazón me arde.

Esta tarde,
sobre este banco,
quisiera tener
por luceros tus ojos,
fijamente mirándome.

Y perplejos los míos
sobre este paraje,
envolviéndolo todo
cual manto brillante.

Estas casas pequeñas,
que sobre mis pies yacen,
montañas, ríos, árboles.

Y de nuevo,
cuando el sol
oscurezca su rostro,
quisiera tener
por luceros tus ojos
fijamente mirándome.



Palpitaciones

Aspa que ruge firme
sobre la corriente espesa,
río de aguas profundas,
olas del flujo de mi amor,
¡habéis venido
a resurgirme!.

Matiz de todo color,
nubes, cielo, tierra,
sencillez y sensación...

Percibo oscuro cielo,
vestido de brillantes
y brumas al atardecer,
entre estandartes
de hojas perennes.
Con latido fuerte
me aprisionan,
con torpe respiración
me despedaza.

¡Ah en el atardecer
que amanece de estupor!
cansancio, ilusión cumplida,
formas de materia viva
en el fuego incandescente.
Si mi llama resurge viva
por siempre, seguiré luchando
hasta la muerte.



Aborto

Flotando, encerrado en el globo de mi madre
recibo mensajes de muerte,
descanso en el amor celeste,
y alabo su gracia, su gratuidad,
con mudas palabras que emite mi mente.

Impedido estoy, que hablar no puedo,
solo la esperanza cambiará mi suerte,
me librará de la muerte.

Me ha invadido una pena infinita
al sentir el desdén de mi madre,
vacilante y convencida,
en esta sórdida situación
de ley del desastre.

Que ya no puedan asirme sus brazos,
que se marchite el amor consagrado,
y al sentirme despreciado, me amparo en mi alma,
el regalo más grande, que Dios me ha otorgado.


Soneto a las castañuelas

Por el tiempo transitas como el viento,
dibujando una estela en tus repiques,
vas  y vienes batiendo tus apliques,
queriendo conseguir tu acercamiento.

Henchida de esperanza eres movida
por las manos maestras de una artista
y la inspiración de un pentagramista,
que forman los acordes de tu vida.
                                                                                     
Y entre tanto, metida en una caja,
deseando mostrarte a nuestra vista,
te guarda tu dueña como una alhaja.

Deseando tus ganas de conquista
balbuceas  al aire que viaja
luciendo tu corazón altruista.


A José María Falgas

Pintar la poesía (Año 2011)

Un deseo soñado de tu mente
ha querido pintar la poesía,
erguida, lúcida, efigie emergente,
adornando el umbral de la alegría.

Y creyendo tenerlo ya en tus manos,
como broche encerrando la armonía,
pincelando colores atrapados,
has pensado en el ser que adormecía.

Para darle una nota relevante
ahondaste en el recuerdo de tu vida,
no encontrando el modelo de estandarte
que enarbole esa idea tan querida.

Y perplejo has quedado, en un instante,
pensando y contemplando lo que somos,
atrapado por esa sutileza
que encandila y adormece, con  su esencia,
y que impregna en el aire, la poesía.    



En la playa

Un reflejo en el agua acariciando                                
en irisados brillos diamantinos,
los ondulados rizos vespertinos
que con la suave brisa va limando.

El murmullo humano se va olvidando
y dejando al sol en su lento ocaso,
del calor estival un poco escaso,
con el marco otoñal ya va cambiando. 
                 
Besando la arena se están filtrando
dejando a su paso las caracolas,
las pequeñas ondas que van llegando.

Musitado el silencio de las olas,
las gaviotas del cielo van buscando
a los peces haciendo sus cabriolas.

(Soneto)

Hipólito Romero Hidalgo es delegado regional en la Zona Sureste de la Unión Nacional de Escritores de España.

Está galardonado con el escudo de oro de la UNEE.