Poemas de Eulogio Gavela

Me gusta

Me gusta recorrerte con la vista
y hundirme en el colchón de tú latido
dormir dentro del beso suspendido
hacer de esa sonrisa mi autopista.

Quisiera ser el diablo, tú exorcista
morderte donde nadie te ha mordido;
sentirte como siempre he consentido
amarte con misterio de alquimista.

Deseo contemplar la luz dorada
del Sol que en tus cabellos se desliza
jugar a ser la nave que aterriza

detrás del aeropuerto de esa almohada;
bien quiero que te vayas más regreses
y cuando me apuñales  me embeleses.


Sueños

Sueño noches tempranas a tu lado
cual galernas dispares y profundas
alumbradas por luces de tu faro
desprendiendo pasiones tremebundas.

No deseo que llegue la mañana
que esta noche resulte interminable
porque tú eres la fruta más lozana
con el matiz de amor insuperable.

Te tengo y bien anhelo aquel suspiro
que siento muy de cerca, tan lejano,
un sueño tenebroso del arcano

cuando en la noche oscura te respiro.
No sé  de qué color será la vida
ni tampoco su sabor a despedida.


Esa piel

Esa piel con perfume de manzana,
pincelada del son y aquel latido
sutil, tan delicado cual gemido,
que pueda semejar la porcelana,

excitante sonido en la mañana
al escuchar sereno tu suspiro
que muestras como mar embravecido
si acaricio constante tu mediana.

Son tus labios, sabor de zarzamora,
los pezones los fuegos delicados
 tu ombligo es el desdén de mis pecados

con la marca sutil que me enamora.
Qué más quieres saber, sultana mía,
reina mora, mi bella poesía.


Hojas muertas

El otoño que hoy viene a visitarte
envuelto en mil retales de colores
aromas de fragancias y de flores
con los toques sutiles de aquel arte;

 la porción diminuta de la parte
desnudando diminutos estertores
de hojas que desprenden los temblores
 aquel viento fugaz que las arrastre.

Alfombras la vereda del camino
con el toque temprano de la muerte
el vaivén lastimero, inconsecuente

que no encamina a nada ni al destino.
Te miro  así recreo la mirada,
anochece,  después la madrugada.


Los trozos a este tiempo

Le robaré los trozos a este tiempo
que teje enmarañado mi pasado,
angustia de decir lo ya acabado
como si fuera simple pasatiempo.

Ese abrigo sutil cual de entretiempo
abrazando insolente tú pecado
en susurro de amor desesperado
convirtiendo el pasado en un destiempo.

Deja sol que la lluvia me acaricie
no maquilles siquiera su dictado
 de lejos el sonido alborotado

que pueda ser el son que me ajusticie.
Va  muriendo el verano lentamente,
y aun no encuentro a quien lo represente.


Cuartetos

La vereda va al camino
el sendero va a la mar,
¿dónde conduce el destino?
¿dónde nos quiere enviar?
                                      
Por la suplica de amores,
ese dulce palpitar
que se convierte en las flores
que te regalo al pasar.

Es que eres poesía,
solo es  eso, nada más,
cuando te acaricia el día
que despertándote estás.

Así pasan los minutos,
espero del regresar
me regalen esos frutos
de tus labios el besar.


Cansancio

Cansado ya de andar  tanto camino
sin destino final que bien quisiera
me siento tan extraño, tan mezquino,
como una rosa mustia en primavera.

A veces no recuerdo ni adivino
si los pasos que van quedando fuera,
son las huellas marcadas de cualquiera,
ante tal abundancia ya me inclino.

Como quema ese sol en las mañanas
produciendo sudores siderales
los que afectan a todos los mortales

sensaciones distintas, casquivanas.
Voy cansado, no encuentro mi destino,
¿quizás es que confundo mi camino?


El pasillo

El pasillo del tiempo donde vivo
al que cursa visita cada noche
una sombra con cara de reproche
pasando a suscribir lo relativo.

Me siento como un naufrago cautivo
prendido en la tormenta  del derroche,
inmerso en la distancia de anteanoche
a un grado de sed superlativo.

Voy quemando las horas muy despacio,
tejiendo los instantes en minutos
bien pudiera que fuera aquel prefacio

de los pensares siempre diminutos.
Una vuelta, dos mas, esto termina,
y la vida.., la pura golosina.

Mi regreso

Si esperas mi regreso alborozada
bien creo que confundiste el camino;
marcaste con castigos el destino
de siempre como siempre, para  nada.

Clavaste aquella daga envenenada,
de un filo penetrante y tan ladino
como marca dejada en fino lino
sobre tela de trazo bien bordada.

Sonidos de torrente traicionero,
corrientes que me arrastran a otra vida,
lejana y distante, tan bien perdida,

ocaso distante de aquel un lucero;
lágrimas vivas sin tener pañuelo
que sin remisión se van hacia el suelo.