Poemas de Edith Fernández García


Cuántas dudas

Cuántas dudas
haciendo zozobrar el ánimo.
Cuántos sueños
que son hoy inalcanzados.
El recuerdo
de un semblante serio, herido.
El recuerdo,
me recuerda que recuerdo:
tu mirada,
tus palabras,
tu sonrisa…
tu inquietante quietud
tan fría.
O es indiferencia,
O timidez compartida.

Cuántas dudas
invadiendo el pensamiento.
Cuántas palabras bellas
a tu encuentro.
Cuántos cielos rotos
pululando en Universos.

¡Ven!, que sigo aquí,
esperando tus versos.
¡Ven!, que sigo aquí,
con mis brazos abiertos.
Pero ven, no te demores.
El frio congela mis huesos.
Ven!, no me abandones
a la cruel soledad
del vacío yermo…
Dame tu mano
y caminemos juntos.
Hacia donde van los sueños.



¿Por qué afligen las lágrimas mis ojos?

¿Por qué afligen las lágrimas mis ojos?
¿Por qué inundan mi rostro
con su llanto?.
Empapan cada poro que me forma
haciendo florecer
una caricia.
Son lágrimas de amor!
-contesta el alma-
Son: el llanto del querer
que ahora te inunda.
Son: la siembra madurada y recogida
del cariño que a tu corazón inflama.
Está solo el corazón y acompañado.
Está lejos y a la vez,
está cercano.

He llorado al musitar estas palabras:
-¡Os quiero tanto Padres!
Por eso os he llamado.



Aquí...

Aquí…
       En la oscuridad de esta estancia.
       En la soledad de este día.
Aquí…
       Entre la neblina del Alba.
       Entre la inocencia perdida.
Aquí…
       Escucho el rumor del viento
       que sabe a melancolía.
       Escucho como se aleja
       de mi lado la alegría.
Aquí…
       Profundas son las palabras.
       Profundo el sol que me mira.
Aquí…
       Tañen al fin las campanas.
       Brota el agua cristalina.
Aquí…
       La dura lección empieza
       y termina con la vida.
       La dura lección empieza
       y con la vida termina. 



Miré a través del hueco de la vida

Miré a través del hueco de la vida.
Una vida extraña y sin alas.
Me invadió el ánimo una bruma,
un cansancio, una estafa.

Quise gritar al aire de la mañana:
-¡No quiero ser aquí, casi nada.
Quiero perderme rápido en la noche,
quiero escapar del hada de la esperanza.
Sentir, que ya nadie me empuja
a criar odio, a sentir rabia!-

Quién pudiera ser roca, en esta vida de llanto y llama.
Quién pudiera, no ser nada.
Escapar flotando sobre el mar,
hacia la brisa libre de la soledad.
Sentir el aliento del rocío
y como el agua,
evaporar mi destino.
Quién pudiera no estar aquí, ni en esencia. Quién pudiera
no haber nacido.
Solo soy un alma prisionera de esta tristemente
Infame tierra.
Solo soy un Ente solitario que no sabe
con quién juega, ni adonde el viento la lleva.

Se me va el aroma, de mis manos,
puede que ya no quede limpio en mí,
ni un solo estrato.
Quiero salir del juego de la vida,
no ser actor de este vulgar teatro,
ni malgastar las fuerzas que me quedan
en inventar de nuevo otros actos.
Salir del lodo que me envuelve
y esfumar mi ser en el espacio.

“Quién pudiera ser niebla en esta tierra”, ¡Ay!
Quién pudiera en esta vida de llanto y llama,
quién pudiera… no ser nada.



Acusaste a ese destino, tu palabra

Acusaste a ese destino, tu palabra.
Fría gota de rocío que se escapa
tras la sombra de una tímida sonrisa.

Ya despista el sentimiento que suspira.
Y tus pasos que caminan
tan cansados!,
se desgarran por momentos
en la noche solitaria de un invierno,
que desgasta su presencia y la derrocha.

Se helaron las sonrisas de los muertos
en vida.
Se calmó la fiebre oscura
del pasado,
Y tú sigues tu camino
mientras piensas:
-que solo voy. ¿quién me hace daño?



Alguna vez pude escuchar tus palabras

Alguna vez pude escuchar tus palabras
Entre la espesa sombra del vacío.
Sentir tu abrazo cálido y feliz,
abrazarse tiernamente al mío.
Estábamos a solas con la soledad
y recogimos de cada minuto,
los pétalos de verdad
caídos al suelo mudo.

Cuando las estrellas bailan
vestidas de cielo gris,
su voz se escucha, acallada
por el viento, de un mes de Abril.

Ya el rocío cae cansado
y tímido, por decir
a las hojas de una rosa,
lo que significa su latir.

Gritaba un alma oprimida
poco antes de morir,
las memorias que en su día
el mundo no quiso oír.



Podrás quejarte de mi ausencia en tu seno

Podrás quejarte de mi ausencia en tu seno,
viento feroz.
Arrasas las ideas que intentan ser firmes
contra tu aire, frio en la mañana.
Podrá sentir la luz
que mi ceguera,
apenas deja que traspase su ilusión.
Podrán los árboles danzar
al son de este gemido.
Podrá quedarse seco un corazón.
Pero nunca apreciarás en mi destino,
que alguna vez camine sola
la razón,
al no dejar que baile entre las nubes,
la soledad que abraza mi canción.



El día que yo me muera

El día que yo me muera
que nadie me mande flores,
ni vaya a llorar mi pena
vestida con sus dolores.
El día que yo me muera
podré respirar en paz,
dejar esta perra vida
podrida por la maldad.
El día que yo me muera
me iré con mi corazón,
volando por las espesas
neblinas de la ilusión.
El día que yo me muera
que no me eche de menos,
ninguno de los que en vida
me dieron vida de perros.

El día que yo me muera
vendrán a velar mi entierro,
los cuervos ya conocidos
con caretas de sentimientos.
“El día que yo me muera,
espero estar ya
… muy lejos”.


Flor del desierto...nadie...nada

Por qué tuve que nacer donde mi vida no vale nada? Por qué tuve que ser vilipendiada?
Por qué? por qué tengo que ser apedreada? Veo los ojos de mis hijos, de mi familia adorada. Les obligan a lanzar la primera
a su madre… que grita… aterrada!
No comprendo el sin sentir de la opresión,
no sé porque soy mancillada! Tal vez en otra vida al ser mujer, sea valorada.

Ya recibo la primera… me ha dado en toda la cara. La segunda… la tercera. Cuántas serán soportadas antes de que caiga rota, reventada
sobre la calle teñida de rojo… ensangrentada. Qué sin sentir!, qué locura!,
si yo no hice al fin nada. Solo lo que un “buen marido”
necesita para con otra… estorbaba.

Si hay un Dios, Alá, Jehová, al fín, que más dá como se llama.
No creo que en su concebir
a la mujer, la quiera así tratada.

Me voy nublando entre gritos, entre piedras y palabras. Palabras mudas que sufren en las lágrimas nubladas

de a los que van obligando,
Y de a los que no obligan a nada.

Me voy… me desangro por dentro. Ya no me queda ni rabia.
Hay viene para mí… la última la que me dejará callada,
las demás ya, ni las sentiré.
Las demás, como yo… no serán “nada”.

(De la antología Grito de Mujer-Flores del Desierto)



Te verá en las sombras

Te verá en las sombras,
Al nacer el día.
Te verá en sus sueños,
Te verá en sus días.
Se marchitarán
Los claveles rojos.
Se desgarrarán
Todas las mentiras.
Sentirá tu aliento,
Tu frescor temprano.
Sentirá todo eso
Y será un engaño.