Poemas de Carmen Aguirre

Rumbo hacia el regreso

Quiero arribar al puerto de tu abrazo
y en él quedarme anclada de por vida…
pues me cansé de tanta ida y venida:
mi fin es fondear en tu regazo.

Nunca tuvo mi nave ningún lazo
que la amarrase al punto de partida.
Navegué por la mar embravecida,
naufragó el corazón en un bandazo.

El empuje del viento alza la espuma,
la nostalgia me envuelve con su beso
y hago un pacto de ausencia a la añoranza.

Una luz se perfila entre la bruma,
así que pongo rumbo hacia el regreso
desplegando mi vela a la esperanza.


Mis fantasías

Y me sumerjo en tu cielo
y me enamoro contigo,
y lloro, y vibro, y canto…
y me convierto en suspiro.

Y soy brisa de azahar,
y sol, que besa tu suelo,
y la almena de tu torre
y fragancia de romero.

Y en ti me vuelvo piropo
y paraíso de alegría,
y rosa entre los jarales…
y me siento fantasía.

Y puedo ser “la Dolores”,
esa que llora su pena
porque la gente le han puesto
por nombre “La Petenera”.

Trepo por Montes de Málaga,
olor a menta y canela,
embriagando mis sentidos
con su eterna primavera.

Y soy barquito velero
cruzando por la bahía,
¡blanca sal! ¡blanco lucero
cantiñeando alegrías!

Me estoy sintiendo lamento…,
ya va zozobrando el alma,
por el dolor de la tierra
que, siempre, a todos aguarda.

¡Soy toro bravo en el campo
y caracol en la siembra!
Y también seré pañuelo
para que enjugues tu pena.

Me convertiré en la amante…
¡esa, soñada por ti!
Y sin cadenas doradas,
volaré un vuelo sin fin.

Seré la flor más radiante
de tu castillo de fuegos,
y contigo cruzaré
el umbral de los secretos.

Es más…
yo quisiera ser de ti:
el punto, la coma, el signo…
la admiración y el sentir.


(Cuartetas)


Esta noche

Esta noche de estrellas constelada,
se ha de cumplir, al fin, nuestra quimera.
La cita, por los dos, tan anhelada…,
ha llegado a su término de espera.

¡No tardes!, que ya tengo preparada
el alma y la caricia, en torrentera;
y, aguardando enredarme en tu mirada,
la pasión se me torna enredadera.

¡Cuánto tiempo esperamos que el destino
nos diese la ocasión de atar el lazo
de este amor que nació tan clandestino

y que ha de hacerse luz en mi regazo...,
al compartir contigo el dulce vino,
escanciado en la copa del abrazo!


(Soneto)


La Faraona

Todo el mundo me dice que soy la “Faraona”,
--y puestos a pensar…, no se han equivocado--
ya que gran realeza derrocha mi persona
y a más de un faraón yo dejo obnubilado.

Como el pueblo de Egipto rinde culto a la muerte,
y le gusta llevarse todo lo atesorado…
He pensado llevarme, cuando me quede inerte,
todo un hermoso ajuar que tengo preparado.

Yo quiero que me entierren con mi bata de cola,
zarcillos de corales y mantón de Manila,
y entre mis manos pongan una roja amapola
para que a la otra vida pueda llegar tranquila.

Y cuando ya me encuentre allá en la eternidad
formaré un taconeo de padre y señor mío,
porque soy “Faraona”, flamenca de verdad,
y no hay mejor apodo para mi señorío.

(Serventesios en alejandrinos)


Al grito de la sangre

(Liras)

Cuando el amor me duele
y me raja por dentro y me maldice,
no hay hielo que lo hiele …
Y dejo que enraíce
hasta que eternamente se eternice.

No importa la distancia
que separa del mío tu sendero.
Me llega tu fragancia
como claro venero
por el blanco azahar del limonero.

Si tu luna pudiera
bajarse hasta el volante de mi enagua…
-Si acaso sucediera-
mi corazón, que es agua,
ardería en el fuego de tu fragua.

Y al grito de la sangre,
que esparce por las venas su latido,
haré que se desangre
el tiempo del olvido
para que tu amor vuelva renacido.


Sin música

(Décima)

Se me han perdido las notas,
las notas y las figuras…,
se fueron, con sus locuras,
en pos de las gaviotas.
¡Volved, enteras o rotas,
con negras, blancas y fusas,
corcheas y semifusas…,
que la música os llama!
Y alegrad el pentagrama
“donde navegan las musas”.