Poemas de Fernando Fiestas

Cuando falten tus alas

Incluso soy distinto de mi vida.

Apenas alguien
que resbala por cuerpos
hasta recuperar
lo que he dejado.

         Todo para marcharme
         y no volver;
mas prefiero no hablar sobre mis años
aunque sean hermosos.

Con el trozo de luz que solía regalarte
tras las mudanzas
te iba
desconociendo.

¿O es que ya no te acuerdas
de que cada ciudad tiene su sol,
cada esquina su nido de vislumbres?

No basta con las plazas
cada vez más redondas.

Ni con los árboles
cada vez más silvestres.

Aunque tu cuerpo desproporcionado
y transparente
ocupe mis zozobras,
yo soy los faros que representabas
en tus dibujos,
los que envuelven con forma
de sonrisa sin miedo
las terrazas desiertas.

Siempre supiste lo que deseabas,
ese cielo sumiso
para tus labios.

Yo no he necesitado
nada para ser libre,
ni siquiera mi piel.

         Y luego la memoria,
como un amante
que te deja promesas
rotas entre las sábanas.

Es esa soledad
que engrandece las cosas,
un silencio profundo, muy profundo,
lo consistente de todo perfil
para un panorama delicado
sin la firma de un dios.

Todo para marcharme
y no volver.

Hallar en otro sitio la pureza
que se evapora
después de contemplarnos
discretamente;

la esencia de los viajes
cuando faltan tus alas.


Las semillas en la mano

Lo que sucede tras reunir
las primeras semillas:
el estupor de verlas deslizarse
con el tacto del polen
entre los dedos,
su gracia original.

Sentirlos nueva música
con su calor de fe
en sensaciones tibias,
como todos los duendes inconclusos.

Son los momentos
de la respiración que se contiene,
trances irrepetibles
de los granos que luchan entre sí,
porque cualquiera puede
transformar el paisaje.

Con la conciencia
de los instantes únicos
y no dejarlos escapar.

Tenerlos siempre vivos,
presentes.

El calor de costumbre
que nos hace personas.

El hilo que no importa a nadie
de los recuerdos.