A Noemy, mi hija pequeña


Poema de Rogelio Martínez Arévalo

Hoy quiero yo decirte querida hija, que siempre fui tu padre
y quería protegerte, pero no me dejaste, pues andabas perdida
en tu edad adolescente que un día sufrimos todos.
Recuerdos que se quedan asentados en el alma, cómo ocurrió.
Cuando aún siendo niña dijiste que te ibas, que nos abandonabas.
No creas que es reproche; yo sé que algunas aves necesitan
volar antes de tener plumas.
Me tragué mi dolor con disimulo incierto de saber qué motivos
te impulsó a abandonarnos. Nunca te pregunté, me pareció
indiscreto rebuscar en tus dudas de niña adolescente, también,
incomprendida. Quizá, éramos nosotros “pensé”, los que fallábamos.
Mas el tiempo ha pasado, y a pesar del espacio que siempre nos separa,
tú sabes con certeza que siempre estuve ahí, dispuesto a jugármela,
porque tú eres mi hija, porque yo soy tu padre.
Quizá fueron las dudas de la adolescencia que todos hemos pasado,
las que te impulsaron a pensar que a tu padre, le importabas poco, o quizá…,
yo tan tosco, tan agrio de carácter, tan seco en las respuesta, disuadieron a tu mente de hacerme las preguntas que tú necesitabas en aquellos momentos de dudas y de sombras danzando por tu mente de juvenil princesa.
Han pasado los años y, hemos envejecido muy lejos uno de otro; yo, en la tercera edad que nunca he comprendido muy bien qué significa.
Tú, en esa edad que alcanzan nuestros mejores vinos; la edad en que el cerebro
se alía con nuestros cuerpos para afirmar las curvas y serenar el carácter.
Dicen que son los años justos, en los que la cabeza, se afirma y se confirma,
para alejar las dudas que hayamos padecidos en cercano pasado.
Y quiero terminar diciéndote de frente, con mis ojos de padre mirándote a la cara,
Que, espero no haber dado motivos a tu alma, para dudar de mi amor hacia ti por un solo segundo.
Yo, seré lo que quieras, y también lo que no, tu padre por derecho, porque eres
mi hija, tu amigo si lo quieres; puedes contar conmigo sin condición alguna,
porque, aunque no lo sabes: tu Ángel de la guarda, siempre he intentado ser.