Si la amara...

El que mata a una mujer, 
la mata... porque la quiere,
simplemente... la quiere.

La quiere, con ese querer irascible,
del avariento insaciable;
la quiere... como posesión cerrada,
sin miramiento, sin matices,
sin estimación de nada.

La quiere...
como se quiere a una moneda;
la quiere... para gastarla;
para arrojarla al vacío,
cuando la compra se acaba.

¿Y si la amara?

Si la amara...
pediría un tiempo eterno
para vivir a su vera;
la abrazaría con ternura,
con una pasión de seda...
en besos de primavera.

Si la amara...
buscaría una tarde infinita,
de luces entre penumbras de sombras;
la rodearía de caricias,
pintaría el día de cascabeles...
y la noche de lunas tibias.
                                                                       
Si la amara...
¡ah, si la amara...! ...
soñaría caminos abiertos...
de paseos en su mirada;
se perdería en sus ojos...
en horas de madrugada.

Si la amara...
¡ah, si la amara...! ...
llenaría el cielo de versos...
y la tierra de palabras;
 y habitaría paraísos...
junto al amor de su amada.

Álvaro Cordón Flores