Poema de Álvaro Cordón

Desde la proa del barco,
en las noches estrelladas
salpicadas de recuerdos,
se divisa una silueta en el alba,
que se imagina a lo lejos.


En la cima encrespada de las nubes,
de suaves colores y reflejos,
aparece claro el día
con la ciudad al descubierto.

Melilla, la soñadora,
evocadora de versos,
con el alma en la bahía
en vaivén de vuelo eterno.

Al pie de la farola,
la inacabable nostalgia,
confundida en los sueños
de las nacaradas sombras.

La playa de Los Cárabos,
tesoro de arena fina
camino de pies descalzos,
remanso donde las olas
recalan su travesía.                                                                                                              
Allí, la plata esparcida,
llena de fúlgidos puntos
besa las brisas marinas
como una amante del viento.
                                                                           
Allí,  el rincón del mundo,
donde se duerme la Aurora
acompañando a la espuma.

Allí, el balcón de las horas,
donde se asoma la Luna,
furtiva, desde su alcoba.

Allí, el navegar de las aguas,
que llegan inadvertidas,
para dejar en la orilla
sus caracolas de sal.

Allí, marcando al dique, las rocas,
donde vuelan las miradas,
con ojos de mil gaviotas,
a encontrarse con el mar.

Álvaro Cordón